Artículos  |  Las Leyes de la Guerra  |  Haz que tu adversario venga hacia tí

En el Arte de la Guerra hay un principio excelente que nos dice lo siguiente:

Si haces que tus adversarios vengan a tí para combatir, su fuerza estará siempre vacía. Si no sales a combatir, tu fuerza estará siempre llena.

Este es el arte de vaciar a los demás y de llenarte a tí mismo.

Si tu adversario viene hacia tí es porque desea quitarte lo que tú tienes; si no va hacia tí es por el temor a perder lo que tiene. En ambos casos si él es el que se mueve, es quien está en desventaja. Tu debes permanecer en un estado de certeza absoluta, seguro de tu poder de vencer.

La lección más importante en este verso es que cuando permaneces en un estado de certeza absoluta, el otro es el que se desgasta, el otro es el que se inquieta, es quien sale de balance y es quien ha dejado su fortaleza, dejando su ventaja para arriesgarlo todo.

En la era del Imperio, los Romanos eran casi invencibles, la maquinaria de batalla romana era imparable por una sencilla razón. Ellos peleaban bajo un sistema y una formación de batalla, lo cual era algo que muchos ejércitos no podían implementar en sus propias filas y menos aún enfrentarlas en combate. Era el poder de muchos contra unos cuantos.

Sin embargo hubo ejércitos que vencieron a las legiones romanas y ¿sabes por qué?

Porque los emboscaban. Los romanos no estaban acostumbrados a pelear entre árboles y arbustos, sino al despoblado, en las planicies. Las formaciones romanas hacían sentido en cierto contexto que eran las planicies donde podían llevarse a cabo las formaciones estratégicas que les daban el poder y la victoria.

Pero cuando iban por el bosque y les salían los bárbaros del norte en emboscada, los romanos no podían hacer gran cosa.

La moraleja es clara:

Deja que te ataquen, no vayas a atacar. Pero mantente preparado.

Recuerda que sólo ataca el que tiene miedo.

Recuerda que sólo ataca el que tiene necesidades.

El vencedor es el que se ha preparado lo suficiente, el que se mantiene impredecible y el que goza de certeza sobre su ardeversario.

-Virgilio Gómez T.

coaching@virgiliogomez.com

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